Crítica: 'La carretera' (The Road)

Publicado por Carles Rull 16 de febrero de 2010


En La carretera (The Road), el escritor Cormac McCarthy sigue urgando en el lado más salvaje, egoista y oscuro de lo que denominanos naturaleza humana. La violencia aquí ha alcanzado su punto máximo. Por un lado, la Tierra ha sido devastada por un holocausto nuclear, y por el otro, entre los pocos supervivientes que quedan en estas condiciones extremas, un buen puñado de ellos se han unido en bandas que se dedican a cazar a otros humanos para comérselos. Caníbales unos, e intentando sobrevivir y ser “buenas” personas los otros, sólo que entre éstos tampoco parece cundir precisamente la solidaridad, sólo reina la desconfianza. La franja entre buenos y malos, o los que (sobre)viven en nuestro planeta, parece haber quedado más delimitada que nunca.

En medio de este panorama post-apocalíptico desolador el camino no es nada reconfortante, con parajes estériles, cubiertos de cenizas y un cielo igualmente gris, casas abandonadas y semidestruidas, el asfalto flanqueado por postes de electricidad en estado de derribo y árboles muriéndose que lanzan un sonido atronado antes de caer al suelo. Ni siquiera quedan animales. Sin apenas resquicio para la esperanza, un hombre (del que nunca sabremos su nombre) lucha por mantener a su hijo sano y salvo, y por inculcarle valores más honestos que los de aquellos que se han convertido en bestias depredadoras.

La carretera se erige en poderosa metáfora de un camino a seguir mientras estemos vivos, y puesto que aquí no parece haber mucho en qué confiar o alegrarse, la meta fijada es la de llegar hasta el mar, el origen de la vida y hasta unas aguas que antes eran azules. Mientras, las principales preocupaciones pueden resumirse en 4: eludir caer en las garras de los caníbales, la falta de comida, resguardarse del frío y conseguir unos zapatos con los que seguir andando.


La adaptación de John Hillcoat consigue transmitir toda esta odisea y la desazón del texto de McCarthy, gracias también a la portentosa interpretación de Viggo Mortensen (siempre acompañado del joven actor Kodi Smith-McPhee), y a las imágenes grises, de naturaleza muerta, captada por el director de fotografía Javier Aguirresarobe. Aunque no consigue casi siempre hundirnos en esa sensación de terror, de qué la principal amenaza, incluso en un mundo prácticamente extinto como éste, sigue siendo el mismo ser humano. La película convence, pero también queda la sensación de que algo le falta, o algo le sobra, si se ha leído la novela de McCarthy.

La prosa de Cormac McCarthy es directa, seca, desgarrada y sin ornamentos estilísticos. Los Coen supieron captar su espíritu y adaptarla perfectamente en No es país para viejos (aunque no sea una película de mi devoción). En cambio, el australiano John Hillcoat se decanta a extraer de La carretera una narración más convencional, eliminando algunos pasajes, sin provocar la inquietud y terror de otros (por ejemplo, en la escena de la “despensa” humana), rellenando más los vacíos con la voz en off del protagonista, haciendo que haya más diálogos o insertando un mayor número de flashbacks con la esposa de éste (Charlize Theron) para darle una mayor variedad y dinamismo al relato. La película se convierte en más ágil, sí, pero también más convencional en cierta manera. Respetuosa con la obra original, y más una ilustración que una verdadera reinvención cinematográfica propia, y aún así meritoria.

Puede que lo mejor de la película sea la gran interpretación de Viggo Mortensen, pero Hillcoat puede estar también muy contento. Ha conseguido no sólo una adaptación bastante fiel sino también una buena película de una novela (casi) inadaptable.


VIVIENDO EN EL POST-APOCALIPSIS

La imagen más poderosa de la novela, al igual que en el filme, es la de los dos, padre e hijo, caminando y empujando un mísero y sencillo carrito de la compra donde guardan sus precarias propiedades y alimentos. Y ante la perspectiva de vivir en este mundo post-apocalíptico, tres son los personajes que representan las distintas opciones a seguir: el padre, decidido a seguir adelante (gracias a su condición de progenitor, con el único aliciente del amor hacia su hijo); la madre, que renunció a vivir en este mundo de esta manera; y el niño, que no ha conocido los tiempos anteriores al desastre y es fruto de la nueva generación, de una realidad que, le guste o no, le ha tocado vivir.









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1 Comentarios
  1. Anónimo ha dicho,

    Muy interesante. Nos encantaría contar con tu opinión sobre La carretera en este Club y que sugirieses un libro para la próxima lectura. Muchas gracias.

    Publicado el 19 de febrero de 2010 10:10

     

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