Si Wong Kar Wai es capaz de hacer hablar a las imágenes y darles un trasfondo más allá de lo visual, de conceder a las miradas y a los silencios dolor bajo los acordes de Shigeru Umebayashi, Tom Ford ha conseguido hacer lo mismo con sus personajes y la música en la que los envuelve, en un impresionante ejercicio de estilo y de academicismo idolatrado que opta más por la amargura y la emoción contenidas en miradas, que por los histrionismos oscarizables, hilando el relato con personajes igualmente destrozados por la crudeza de la vida que se enfrentan a la cotidianidad con vacuos esfuerzos por redimirse del pasado.
Un Hombre Soltero es ante todo, un drama de corte clásico donde los sentimientos son llevados al paroxismo, y para ello no hace falta gesticular ni gritar a los cuatro vientos, basta con un buen encuadre y una mirada cargada de diálogo que enfatiza y nos adentra en lo que el personaje está pasando, sin necesidad de tener una voz en off que nos vaya contando lo desgarradora que es su situación emocional.Y es que la dirección de Tom Ford se me antoja brillante, fría pero a la vez cálida, con matices dignos de un genio que lleve toda la vida dirigiendo: ese comienzo bajo la nieve mientras suena la música de Abel Korzeniowski, que se postula como un viaje de vuelta al drama para dar un último adiós; la escena a cámara lenta con los vecinos mientras Goerge (impresionante Colin Firth) va en el coche, la llamada telefónica y la escena que sigue con Julianne Moore (actriz siempre fascinante e ignorada en los Oscar por esta película), la llegada a la universidad a contracorriente, el final... son detalles que raras veces salen en una opera prima y tremendamente loables.
Creo que lo que lo único que se le puede criticar a Un Hombre Soltero es que los personajes puedan parecer pinceladas de pequeñas cosas, de esas pequeñas cosas que merecen la pena en la vida: George es un hombre que se dedica a dar clase en la universidad, y entre charla y charla sobre Aldous Huxley intenta que sus alumnos pierdan el miedo, pero no el miedo a una cosa determinada, sino el miedo a todo, abogando hipócritamente por vivir un presente que no soporta, al no ser capaz de superar la pérdida de la persona que amó durante 16 años.Suele pasar que a veces hablamos y damos consejos, pero cuando nos ocurre a nosotros algo que nos rompe los esquemas somos los primeros que no somos capaces de darnos nuestra propia medicina. Así, mientras George ve cómo sus ganas de vivir se van consumiendo, se le hace imposible la idea de afrontar el presente, y mucho menos el futuro, a pesar de ser de los que dicen que no hay que pensar en el futuro, sino en el momento que estás viviendo ahora, pues lo único que tienen en común las personas en el futuro es la muerte.
Y eso es en lo que piensa George, en la muerte. Y mientras el momento de apretar el gatillo llega y busca el valor necesario para hacerlo, su mejor amiga y antigua amante le dice verdades como puños fruto de los celos que tiene sobre la relación que tenía el hombre que ella siempre quiso pero que no le correspondió. Con el paso del tiempo, si te guardas cosas como esa, al final acaban saliendo, haciendo mucho más daño del que te puedas imaginar.George deambula con el vicio personificado en el personaje español de Jon Kortajarena, pero no cae en él. Siente deseos irrefrenables de demostrar a sus vecinos que es un hombre serio, vecinos que por muy felices que parezcan, matices indirectos dan pie a que viven más al estilo Revolutionary Road que bajo la felicidad absoluta de la que hacen gala en público. En eso Ford se parece a Mendes, pues tras las cortinas de la felicidad y de la apariencia se encuentra una verdad mucho más dificil de afrontar, y que hasta que todo estalla, permanece latente bajo esas cortinas.
Y cuando realmente crees que la película no puede car más bajo en la desesperanza, el personaje de Colin Firth vuelve al pasado, pero viviendo en el presente: alguien le devuelve la juventud perdida (¿o es la esperanza?), pero por desgracia para él no se da cuenta hasta que pasa demasiado tiempo.
Pero el tiempo es traicionero y a veces no es bueno encontrar la pasión ni demasiado pronto, ni demasiado tarde.El pasado vuelve a George e, irónicamente, se despide de él en un desolador adiós.
Lo mejor: Colin Firth, quien construye un personaje contenido pero absolutamente desgarrador, y todo el reparto, al que se le ha sacado todo el jugo posible. La música de Abel Korzeniowski, la puesta en escena, la fotografía, el vestuario...
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Publicado por Donnie Darko


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