Crítica: 'Los hombres que miraban fijamente a las cabras'

Publicado por Carles Rull 5 de marzo de 2010


En los 80 se llegó a desarrollar un grupo especial de soldados que, bajo el nombre del Ejército de la Nueva Tierra, reclutaba a supuestos supersoldados psíquicos. Personas dotadas de telepatía y otros poderes extrasensoriales. Incluso se llegó a ensayar sobre la invisibilidad y la capacidad de atravesar muros (sin darse un buen trompazo o romperlos).

Por inverosímil que parezca, la realidad supera una vez más a la ficción, y Los hombres que miraban fijamente a las cabras está basado en el libro del periodista Jon Jonson que recogía las investigaciones y entrevistas al respecto que había realizado, descubriendo datos de lo más curiosos. La película, que significa el debut oficial en el largometraje* como director del actor, productor y guionista Grant Heslov, adapta libremente la obra de Jonson, pero la mayoría de los detalles, y sobre todo algunos de los más extraños o increíbles, tienen su inspiración en los hechos reales descritos por Jonson.

El filme se abre con un primer plano del General Hopgood (Stephen Lang, un rostro archiconocido después de interpretar al malvado Coronel Quaritch de Avatar), sudoroso y aparentemente soportando algún tipo de suplicio, para descubrir que lo que está es concentrando su mente con un propósito. El resultado de su intento no tardaremos en verlo en pantalla, pero esta primera escena nos remarca no sólo el carácter sorprendente, y cómico, de la historia que nos relatará sino que, más allá del plano cinematográfico, el General Hopgood se inspira en otros oficiales de alto rango del ejército norteamericano que en su momento confiaron y se entusiasmaron con la posibilidad de crear este batallón de superguerreros psíquicos.


Este batallón estaría más bien formado por “guerreros monje”, es decir, hippis que más que prepararse para la lucha física (qué también), lo que buscaban era convertirse en una especie de ejército pacífico, capaz de prevenir conflictos o saltar en paracaídas sobre territorio enemigo acompañado de músicas celestiales o new age. Y, cómo no podía ser menos en un grupo de gente que siente una “fuerza” paranormal, este grupo de elegidos se hacían llamar también "jedis".

Esto conlleva además un lado bueno y otro, naturalmente, “oscuro” si se utiliza con otros fines más egoístas o perversos. En este sentido, Larry Hooper (encarnado por Kevin Spacey en su enésimo rol de malvado), sería el exponente de ese lado oscuro de la fuerza, un personaje inspirado en otro de real, Sidney Gotlieb, agente de la CIA y uno de los que llegó a ser de los primeros líderes de este Ejército. Sus prácticas y maneras discutibles también se reflejan en la película (como verter LSD en las bebidas de algunos militares sin que éstos lo supieran).

Entre la comedia más alocada con carga pacifista y la road movie discurre Los hombres que miraban fijamente a las cabras, y que narrativamente se sitúa en dos niveles: el del relato de la gestación y evolución del Ejército de la Nueva Tierra; y del periodista Bob Wilton (Ewan McGregor), un tipo apocado que atraviesa por una grave crisis personal después de que su esposa le abandonara por su editor, que emprende un viaje para demostrar su valía y profesionalidad hacia la primera línea de la zona de conflicto de Irak; en un itinerario que le unirá con uno de los mejores supersoldados psíquicos, el veterano Lyn Cassady (George Clooney).

Pero lo más curioso es que pese a contar con una historia tan insólita (que empieza por su mismo título) o reparto tan poco común e irresistible, que incluye a George Clooney (amigo personal del director. Heslov y Clooney coescribieron el guión de Buenas noches, buena suerte), Ewan McGregor, Kevin Spacey o Jeff Bridges, a Grant Haslov le haya salido un filme simpático, sí, pero tan convencional como poco sorprendente.

DANDO “LA NOTA”

El humor absurdo y los personajes idiotas característicos de las comedias de los hermanos Coen son el espejo en el que Grant Heslov se ha mirado. No por casualidad Jeff Bridges interpretando a Bill Django, ex combatiente de Vietnam, y el fundador y gurú de la comunidad pseudomilitar-hippy del Ejército de la Nueva Tierra, nos recuerda a uno de sus personajes más logrados, el inolvidable El Nota (The Dude en el original) de la magnífica El gran Lebowski. Y los intérpretes parecen pasárselo de lo más bien, sobre todo Clooney y Bridges (y curiosamente, los dos están nominados a los Oscar de esta edición, como mejor actor principal y de reparto respectivamente, aunque por otras películas), pero la labor de puesta en escena de Heslov no encuentra el mismo punto de brillantez y originalidad visual, de montaje o guión que el de las mejores y más alocadas comedias y momentos de Joel y Ethan Coen.


(*) Su primer largometraje fue Par 6, en 2002, que prácticamente no llegó a conocer distribución comercial.

 




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