'Dr. Cyclops' (1940) - El fantástico en los 40

Publicado por Carles Rull 1 de noviembre de 2010


Entre las maravillas que nos brindó Ernest B. Schoedsack están ‘El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game,1932), codirigida por Irving Pichel, ‘Los últimos días de Pompeya’ (The Last Days of Pompeii, 1935) y sobre todo la inimitable ‘King Kong’ (1933), ambas junto con Merian C. Cooper en la dirección.

Y todas ellas conservan esa magia de aún lo inexplicable y propiamente extraordinario de los treinta, cuando el cine asombraba todavía en sus primeros pasos y permitiendo esa enorme capacidad de transportar al espectador a aventuras y lugares tan exóticos como lejanos, al mismo tiempo que olvidarse de las penurias de la crisis (La Gran Depresión en Norteamérica) o de tiempos duros en los que empezaban a resonar ecos lejanos de nuevas guerras.

Ya en solitario, Schoedsack emprendió un proyecto que se convertiría en una producción modesta, pero también el primer largometraje estadounidense oficial de ciencia-ficción en color: ‘Dr. Cyclops’, estrenada el 12 de abril de 1940. Una producción modesta, también en cuanto a duración (apenas llega a la hora y cuarto de metraje).


MAD DOCTOR Y MUTACIONES


Une las subtramas del científico loco con el de las mutaciones, el de la reducción física de seres humanos. Cierto que ‘Dr. Cyclops’ quedaría seriamente empañada si la comparásemos con las dos obras maestras del género, la anterior ‘Muñecos infernales’ (The Devil-Doll, 1936) y la posterior ‘El increíble hombre menguante’ (The Incredible Shrinking Man, 1957), de Jack Arnold, pese a que el filme de Arnold tomaría prestada la idea del gato erigido en un peligroso depredador gigante para un humano empequeñecido (fuera ya de estas magistrales películas estaría el correcto divertimento familiar de Disney ‘Cariño, he encogido a los niños’, 1989, de Joe Johnston). Muy probablemente el que flojee en muchos de sus aspectos podría deberse a que el director y los estudios Paramount estarían lo suficientemente confiados en que el uso del espectacular technicolor y sus trucajes se bastaban para dar solidez y sorprender al espectador, olvidándose de construir un buen guión y tener a unos personajes convincentes.

En este contexto no es de extrañar que el personaje más recordado sea sin problemas el villano mad doctor: el Doctor Alexander Thorkel (Albert Dekker *), de aspecto más bien ridículo y torpe, calvo, sin gracia alguna en sus andares y miope. Sus problemas de visión le obligan a usar unos anteojos sin los que apenas vería nada, y que en definitiva le confiere ese aspecto de ogro malvado como si fuera un cíclope.

En torno a él figura el grupo que se ha desplazado hasta el recóndito lugar de la jungla peruana donde Thorkel realiza sus experimentos secretos, el de menguar a seres vivos por medio de una máquina radioactiva (el uranio lo logra extraer en un pozo de la misma finca). Los invitados han sido convocados allí por el mismo Thorkel con la finalidad de que éste pueda averiguar que es lo que está fallando en sus investigaciones, y que no logra ver a través del microscópico a causa de sus problemas de visión.

Entre los integrantes del grupo no faltará un fornido galán, Bill Stockton (Thomas Coley), experto en mineralogía; y dos biólogos, uno de ellos veterano, el Dr. Bullfinch (Charles Halton) y naturalmente su joven, guapa y casadera ayudante, la Dra. Mary Robinson (Janice Logan, cuya filmografía está compuesta sólo por media docena de películas). Para completar el equipo con algún personaje más, se les sumará otro minero norteamericano que vive en el lugar, Steve Barker (Victor Kilian), a cambio de prestarles sus mulas para el viaje. Y una vez llegados a su lugar de destino encontrarán al ayudante del Dr. Thorkel, Pedro (interpretado por el actor italiano Frank Yaconelli), y que es el personaje bufón y simpático de la función, y que nada sabe sobre los experimentos del hombre para el que trabaja.

ICONOGRAFÍA OCULAR


Cuando los recién llegados, después de haber logrado desentrañar en un periquete aquello que le hacia falta saber al Dr. Thorkel, empiecen a querer saber más y a entrometerse en el trabajo de éste (entrando de escondidas en su improvisado laboratorio y leyendo su diario personal), será también el momento para intuir que pronto van a conocer lo que está haciendo Thorkel de primera mano, en la cámara radioactiva. En su nueva condición de humanos disminuidos físicamente deberán sortear varios peligros, el mencionado gato (con el significativo nombre de “Satanás”), subir por unas escaleras, escabullirse de las intenciones del Dr. Thorkel de matarles, internarse en la selva, sufrir el acoso de un cocodrilo… al mismo tiempo que su nueva condición les permite esconderse o escapar por los lugares más impensables unas horas antes.

En ‘Dr. Cyclops’ no aparece la enorme garra de King Kong, pero sí que hay un momento logrado con Thorkel “agarrando” a uno de los renacuajos científicos en unos efectos muy conseguidos para la época. En cambio adolece de falta de erotismo, y más en un tema que se presta a ello, como es el de tener a unos muñequitos o a una muñequita como la Dra. Robinson, que además ha perdido su ropa en el proceso de empequeñecimiento al disminuir tanto de estatura. Los elementos eróticos están en ‘Dr. Cyclops’ completamente desaprovechados, algo que Browning en ‘Muñecos infernales’ o Cooper y el mismo Schoedsack también supieron usar y potenciar en ‘King Kong’. Sí, en cambio, aflorece nuevamente el tema de la crítica al científico cuando quiere emular a ser Dios o desafiar las leyes de la naturaleza.

Lo más memorable es la composición del Dr. Cyclops, un personajillo absorto en sus experimentos y obsesionado en sus objetivos, que podría despertar alguna simpatía en el espectador, pero que en cualquier caso en su escena de presentación, al inicio, aunque se deja claro que querría que sus experimentos sirvieran para hacer un bien a la humanidad no duda en matar a su colega, el Dr. Mendoza (Paul Fix), cuando le ordene que deje estos experimentos antinatura. Una escena que se inicia con las sombras del escritorio del Dr. Thorkel y éste observando a través del microscopio. Y los elementos oculares (para ver más o ver cosas pequeñas), caso del microscopio o los anteojos, se convierten en importantes elementos iconográficos de la película.

* Albert Dekker trabajó en otros títulos memorables como ‘Forajidos’ (The Killers, 1946), de Robert Siodmak; El beso mortal (Kiss Me Deadly, 1955), de Robert Aldrich; o ‘Grupo salvaje’ (Wild Bunch, 1969), de Sam Peckinpah.




Imágenes y carteles













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