Crítica: Los tres próximos días

Vaya por delante que considero a Paul Haggis un buen director, a pesar de que le pierden ligeramente las historias (en el sentido de que éstas tienen puntos que hacen que sus películas en su conjunto no sean redondas), y eso que suele ser el guionista de sus propios filmes, aunque curiosamente nunca ha firmado un guión en solitario (guiones de películas muy conocidas como Million dollar baby, Banderas de nuestros padres y los dos últimos Bond, por ejemplo). En su trabajo como director, a Crash (2004) se le ve el plumero y pienso que está sobrevalorada (sin ser mala película), todo por haber obtenido el Oscar a la mejor película; En el valle de Elah (2007), siendo una película más que correcta, no deja de tener ciertas irregularidades y un ritmo quizá un tanto discutible... Y ahora tenemos en cartel Los próximos tres días, con Russell Crowe y Elizabeth Banks en los papeles que hicieran en 2008 Vinvent Lindon y Diane Kruger, ya que se trata de un remake de la película francesa Cruzando el límite (Pour elle), de Fred Cavayé.

En Los próximos tres días tenemos a un hombre (Crowe) cuya mujer (Banks) es acusada de asesinato, acabando con sus huesos en la cárcel, cosa que el protagonista no es capaz de aceptar, estando convencido (¿lo está realmente?) de que ella es inocente. Con ello, tratará por todos los medios de hacer que su esposa salga de donde está, ya sea de forma legal o quizá empleando métodos menos ortodoxos.

La película tiene dos partes bien diferenciadas, o mejor dicho tres, si tenemos en cuenta justo el tramo final. La primera parte, tras la típica presentación de los personajes y la situación de cada uno, tiene un suspense contenido, casi tradicional, donde el espectador va comprobando poco a poco qué ideas empiezan a aparecer en la mente del protagonisgta, y cómo les empieza a dar forma para lograr su objetivo. Algunas ideas parece que funcionarán... otras no. Lo bueno es que Russell Crowe interpreta a su estilo (es decir, muy bien) a un personaje normal y corriente, que va aprendiendo de todo cuanto le rodea, especialmente de Internet, que casi resulta gracioso o incluso quizá ridículo cómo se muestra eso de que "en Internet está todo". Así es: todo. Es además en esta parte donde hace su aparición (breve, pero intensa) Liam Neeson, con un personaje poco creíble que es fundamental para todo lo que quiere desarrollar Crowe.


Llega una segunda parte mucho más trepidante, con giros de guión muy cogidos con pinzas que puede que no gusten demasiado a los más puristas, pero que encajan muy bien con el tipo de película que se está viendo y que lo único que pretende hacer es tener al espectador en vilo, en suspense. Persecuciones trepidantes y situaciones límite. Poco más hay que decir sobre estos momentos de la película...

Y por último llega lo peor de la película, con diferencia, que es el final. En este final Paul Haggis mete la pata hasta el fondo, queriendo justificar cosas que no hacían falta, que realmente no interesan en absoluto ya que el buen sabor de boca tras todo lo visto hasta ese momento se mantenía. Da la impresión de que Haggis pensaba que si no hacía ver ciertas cosas, la gente no saldría satisfecha del cine. Mal hecho. Por eso decía al principio de esta reseña que le pierden las historias, ya que de cosas realmente buenas, pasa a las malas sin que uno apenas se dé cuenta.


Lo he comentado más arriba: hay algunos malos giros de guión, pero también hay algunas cosas muy bien planificadas, que no dejan de ser tramposas por engañar al espectador (uno de los mejores momentos en este sentido es el que se vive en una aduana), pero que sorprenden, para bien, al espectador. Se transmite la angustia del personaje principal, y eso es de agradecer. Destaco además, la participación de un avejentado pero fabuloso Brian Dennehy, que protagoniza, a pesar de aparecer en muy poco metraje, varios de los mejores momentos de la película, donde Paul Haggis se muestra muy contenido... y qué quieren que les diga, puede que diga una barbaridad a continuación pero por un instante, al ver un apretón de manos entre él y Russell Crowe, me acordé de John Ford. Ahí queda eso.

Concluyendo: Una buena película de intriga y emoción que mantiene al espectador en la butaca, a pesar de malos momentos de guión y de su edulcorado final.


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