Crítica: ‘Monsters’ – Amor y supervivencia en el planeta Tierra


Las comparaciones (y las campañas de publicidad) son a veces tan odiosas como engañosas. Antes de su estreno, ‘Monsters’ ha sido equiparada con el taquillazo de ‘District 9’ por su bajo coste y el inscribirse en el género de la ciencia-ficción con monstruos procedentes del espacio exterior que llegan a la Tierra y son recluidos en una especie de coto o ghetto. Pero para quien espere encontrar las dosis de comedia, trepidante acción, batallas y abundantes efectos especiales de ‘District 9’, o de personajes aislados en una jungla enfrentándose a un letal enemigo tipo ‘Depredator’, la película supondrá una profunda decepción.

El prólogo es un mensaje lanzado por la NASA destinado a contactar con vida inteligente fuera de nuestro planeta que lo que hizo fue atraer a unas enormes bestias con tentáculos. Las fuerzas terrestres (es decir, básicamente el ejército norteamericano) logró mantenerlas a raya en una franja de territorio entre México y Estados Unidos. La historia, la de un reportero soltero y seductor (Scoot McNairy) que deberá hacerse cargo de la rubia y guapa hija de su editor (Whitney Able) para llevarla sana y salvo hasta Estados Unidos. La argucia argumental, el quedarse sin los billetes para volver de la manera más rápida y segura, la única posibilidad de regresar será por la vía difícil, atravesando la zona en cuarentena infestada de criaturas.

Gareth Edwards recurre en su debut a la experiencia que ha obtenido como creador de efectos visuales y digitales, sobre todo en televisión y también en el terreno del documental, para desarrollar una historia que se basa fundamentalmente en la relación y el germen de una posible relación romántica entre la pareja protagonista. Las apariciones de los esperados monstruos son contadas, aunque cuando lo hacen es acompañada de unos excelentes efectos de sonido y una visualización más que notable.


En esta peculiar road movie de monsters movie no importan tanto los componentes de ciencia-ficción, aventuras, acción o terror como los aspectos más reales y actuales. Está la mencionada historia de amor, pero especialmente subyace la crítica a la belicosa política exterior de Estados Unidos y a su empeño en mantener “a raya”, fuera de sus dominios, a esos intrusos procedentes del otro lado de la frontera (en este sentido, la edificación de un gran muro que impide atravesar a los monstruos extraterrestres es bastante explícita); y los mismo ciudadanos mexicanos, en la película, se manifiestan en contra del intervencionismo en sus tierras de las fuerzas norteamericanas; es decir, les resulta peor la presencia estadounidense allí que los problemas que puedan generar el supuesto enemigo “exterior”. Un enemigo que en el fondo sólo desea lo mismo que los humanos, su supervivencia, y dejando la sensación que los monstruos existen sin necesidad de que vengan del espacio exterior.

Todo ello se adorna con algún apunte crítico más dirigido a los medios de comunicación y a las audiencias, resultando evidente cuando sus protagonistas ponen de relieve que lo que realmente siempre vende es el morbo, y por muy bien precio, como la fotografía o imagen de un niño muerto (por las criaturas, aunque podría ser por efectos de cualquier guerra, conflicto o trágico suceso).

La curiosidad está en que las escenas finales enlazan con las que hemos visto al inicio, con la “gracia” añadida de que si uno está muy atento a los primeros minutos conocerá el verdadero desenlace final de la relación entre la pareja protagonista (de lo contrario, si desea saberlo deberá volver a visionarla, preguntar o buscar en algún foro). Así, ‘Monsters’ está estructurada a manera de un círculo.

Sin embargo, entre lo más destacable está la sugestiva condición de cine de autor con pocos o nulos recursos económicos de ‘Monsters’, en la que Gareth Edwards ha hecho no sólo de director sino que también ha escrito el guión, se ha encargado del diseño de producción y de los efectos visuales y de la fotografía, y únicamente gastando un presupuesto irrisorio de 15.000 dólares para su realización. Un mérito de lo más plausible, pero también carente de más innovación o profundidad en su entramado. Una dirección de fotografía, por cierto, muy destacable confiriendo a las imágenes un tono terroso que destila fisicidad, realismo y misterio a la vez, o una “romántica” e inesperada escena hacia el final con el cortejo entre dos “monstruos” de diferente sexo.






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