Crítica: 'Cisne negro' (Black Swan) - Muñeca de porcelana, mente frágil


Darren Aronofsky da de nuevo en la diana. Una historia peculiar, una experiencia única no fácilmente digerible para todo tipo de públicos, que puede satisfacer más o menos, pero que nos deja con algunos momentos de cine turbadores para clavarse en nuestra memoria. En parte es el Aronofsky más asequible, como en la estupenda 'El luchador', y también el más obsesivo o hermético, caso de su opera prima 'Pi' o la de culto 'Réquiem por un sueño', con las obsesiones y los demonios que produce una mente frágil como telón de fondo.

Y lo hace desde un mundo tan presuntamente sofisticado y elegante como el del ballet, de manera siniestra e inquietante, una nueva vuelta de tuerca a 'Eva al desnudo' y un drama psicológico reconvertido en thriller de horror para hablarnos de lo más oscuro de la naturaleza humana y de la condición artística, de la obcecación por la perfección, de un arte y una pasión que requiere de entrega total y por medio de su desquiciada protagonista, una fabulosa e inmensa Natalie Portman como nunca habíamos visto hasta ahora, en un personaje que le permite multitud de registros y expresiones, una muñeca de porcelana de psique perturbada, desamparada y amenazante por igual.

Ella es Nina, la aspirante a primera bailarina de una representación del célebre 'El lago de los cisnes' que cumple su objetivo pero a un alto precio, y que se mueve con el mismo doble simbolismo del cisne blanco y el negro, el más idílico y puro, y el más carnal y sensual, de la obra de Tchaikovsky. Un proceso vital de creación y de autodestrucción similar al de Randy Robinson (Mickey Rourke) en 'El luchador', entre los sudorosos, varoniles y poco glamourosos entresijos de los bastidores y escenarios de lona; sólo que aquí (se repiten los seguimientos, cámara la hombro, a la espalda del personaje principal) los cambia por las refinadas y no menos extenuantes y competitivas evoluciones de la danza. Un universo artístico, sensible y en gran parte femenino que no parece distar tanto de los golpes del ring.


Lo relativo a la frágil mente y personalidad de Nina hace que en la película abunden los espejos, rotos, multiplicados, generando varias imágenes a la vez, retratando a un personaje que es carne de psiquiatra, del más exigente y al más puro estilo Cronenberg. Una mujer que presenta un cuadro de psicopatologías agudo y variado que incluye la paranoia (materializada hacia una posible rival, Lily, interpretada por Mila Kunis, capaz de conducir también a Lily hasta sus más bajas pasiones); los remordimientos (por Beth, la primera bailarina que Nina acaba de destronar); con unos impulsos y nervios a flor de piel incontrolables (se araña la espalda con sus uñas de manera inconsciente) o la frustación sexual (con una madre protectora y castradora, cuyo recuerdo le impide hasta masturbarse en su habitación) de una muchacha aún inmadura (sintomático es que su habitación aún es la de una niña, con paredes color rosa y llenas de ositos y muñecos) y llena de ambiciones.

El personaje de la madre (una recuperada Barbara Hershey) tiene ilustres antecesoras como la progenitora de la protagonista de 'La pianista', una de las obras maestras de Haneke, o a la de la madre de la joven desquiciada de 'Carrie', de Brian De Palma.Y Nina, en una entrega total para su sueño, si buscáramos en las fuentes más clásicas del cine le acercaría más al personaje del mefistotélico empresario Boris Lermontov (Anton Walbrook) de 'Las zapatillas rojas' (1948) que a su primera gran bailarina, Victoria Page (Moira Shearer). El tema del conflicto interior de la protagonista se manifiesta formalmente en la abundancia básicamente de espacios igualmente interiores y cerrados: la academia de danza, la casa materna, el vagón de un tranvía o una discoteca.

Puede que 'Cisne negro' sea recordada más por su escena lésbica entre Natalie Portman y Mila Kunis, que en ocasiones caiga en lo redundante y evidente, que quizás no sea perfecta (o tal vez sí), pero es lo suficientemente angustiante y turbadora como para perdurar, y de las que se merecen una segunda visión. Portentosa interpretación de Portman y un relato donde resulta tan increíble el comprobar la asombrosa elasticidad y arte que se puede conseguir mediante el cuerpo (el ballet) como las neuras que puede generar nuestro cerebro.







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Comentarios

  1. Durante gran parte del metraje, me estaba pareciendo una mala película de terror, decepcionándome bastante. Afortunadamente llega un momento en el que la Portman tiene un cambio brutal y ahí, por fin, me enganchó. Empecé a comprender todo el tema de la "otredad" que Aronofsky quería hacer ver, con ciertas obsesiones del personaje al límite...

    Sobre la famosa escena lésbica, mientras veía la peli no recordaba que la hubiera pero cuando llegó el momento... pues no me pareció para tanto, la verdad.

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  2. También me costó lo mío meterme en la película, pero por suerte va in crescendo. y ¡ah! la escena lésbica... sin duda teniendo a Mila Kunis y Natalie Portman podía dar más xDDDD

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