Crítica: 'The Fighter' - El héroe americano


El boxeo siempre ha sido un buena metáfora en Hollywood sobre cómo sobreponerse a los golpes de la vida, caerse y levantarse una y otra vez. Un terreno abonado a la épica y también al melodrama y a la autosuperación. Es un tema recurrente y atractivo cuya fórmula parece funcionar casi siempre. Aquí, en 'The Fighter' tenemos el añadido de que pertenece a un subgénero que le encanta a Hollywood, y a buena parte de espectadores, como es el de “basado en una historia real” y que ocurrió en la primera mitad de los 90.

Es la de Micky Ward “El irlandés” (Mark Wahlberg), el prototipo de chico bueno de barrio marginal destinado a ser un perdedor, o no, al igual que su hermanastro, Dicky Edlund (Christopher Bale). Micky tiene poco más de treinta años y es la principal fuente de ingresos económicos de su familia gracias al puñado de dólares que gana mediante los combates de boxeo que le consigue su principal manager, su propia madre (Melissa Leo). Por otro lado, la otra cara de la moneda, es su hermanastro Dicky, que ya ha superado los 40,es una presunta vieja gloria que vive de los recuerdos del pasado, de lo que pudo ser y no fue, y concretamente de los diez minutos de gloria que tuvo en los 70 cuando también presuntamente logró tumbar en la lona a una leyenda pugilística como Sugar Ray. Uno es taciturno e intenta hacer siempre lo correcto, el otro es una bala perdida a la que encanta coquetear tanto con mujeres como con las drogas.

'The Fighter' prefiere decantarse más por el retrato y drama familiar e íntimo que por la historia deportiva de ambiente pugilístico, y es aquí donde brilla con especial mérito las interpretaciones del conjunto de intérpretes. Mark Wahlberg, con sus habituales poses no demasiado expresivas, consigue ser idóneo para Micky; Melissa Leo es la madre, una auténtica loba y mujer de carácter, con clara inclinación por lo hortera en sus gustos al vestir y peinados, que, tras un curriculum de parejas sentimentales muy inestable, ha formado un peculiar núcleo familiar en el que, bajo el mismo techo, conviven todos sus hijos, hermanos, hermanas y hermanastros (entre ellos, cinco chicas que parecen actuar al unísono, como clones, aportando algunos de los principales momentos de humor). O una sensual Amy Adams que, por ejemplo, estaba angelical en 'The Doubt' y aquí es una camarera de bar, que deja entrever un tumultuoso pasado con varios hombres y encuentros de una sola noche, de estudios universitarios incompletos y calificada por la familia de Micky despectivamente como “chica MTV”.


Pero quien se lleva la mejor parte del pastel de las interpretaciones es, claro, un Christian Bale que casi recuerda a su esquelética caracterización de 'El maquinista'. Una transformación total de un Bale escuálido, de pómulos marcados y gestos tensos e irreconocible por momentos, componiendo a un Dicky marcado tanto por las derrotas de su pasado, los sueños que no podrá cumplir (el ansiado regreso al ring) como por el consumo de crack. Un personaje que fácilmente podría perderse en los caminos más tópicos y trillados del histrionismo y efectismo facilón, pero que Bale consigue controlar con su actuación y dotarlo de la humanidad necesaria.

'The Fighter' es entonces drama familiar, autosuperación, épica deportiva, retrato social y una historia “basada en hechos reales”, pero que sí se impone a la mediocridad que hubiera podido ser es gracias a la labor de sus intérpretes, y también a la de David O'Russell tras las cámaras. Director descubierto entre los laureles del Festival de Sundance, un enfant terrible al que se le calificó de genio aunque sus dos largometrajes más conocidos sean 'Tres reyes' (irregular, pero con destellos de genialidad) y 'Extrañas coincidencias' (que muy pocos han visto, y aún muchos menos son los que la admiran). 'The Fighter' hubiera podido ser carne de telefilm, pero O'Russell, moviéndose entre el cine de maestros como Scorsese o un 'Rocky' moderno, sabe conectar con sus personajes con predilección por mostrarlos alejándose solitarios de sus seres queridos, por ejemplo, con Micky marchándose de casa de Charlenne cuando toma la decisión de volver al boxeo; o cuando Dicky se aleja de su hermano después de haber hablado con Charlenne en el porche de su casa.

La puesta en escena no es nada grisácea (aunque sí lo es su trasfondo social), sabiendo dosificar convenientemente los virtuosismos de montaje y cámara para que no resulte artificial sino creíble en este retrato en el que en el fondo lo que se dibuja es la creación de un prototipo de héroe, de condición humilde, surgido de la nada y con todo en contra, tan querido especialmente por el público americano.

La anécdota

Imagen: Cinemanía
La curiosidad, para el espectador español, está en la escena de la primera cita entre Charlene (Amy Adams) y Micky, en la que éste le lleva al cine a ver una película de prestigio y de “arte y ensayo”, y que es 'Belle Epoque' de Fernando Trueba. Estamos en el año 1993, y el filme de Trueba ganó el Oscar a la mejor producción europea al año siguiente. Pero, la película de trueba no sale muy bien parada. De la proyección, los dos saldrán decepcionados: Mickey (que no sabía ni pronunciar correctamente el título) se ha quedado dormido y Charlene le comenta que ni siquiera tiene escenas de sexo y que además ha tenido que ir a ver una película con subtítulos.






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