Crítica: 'I'M Still Here - La locura de Joaquin Phoenix


El actor Joaquin Phoenix sorprendió a propios y extraños en otoño de 2008 anunciando que se retiraba del cine y que quería empezar una nueva carrera como cantante de hip hop. Su nueva etapa vino acompañada por una preocupante decadencia física, y varias broncas en sus supuestos conciertos en directo que culminaron con su comentada aparición en el Late Show del veterano David Letterman, donde un Joaquin Phoenix ido, nervioso, de barba desaliñada, gafas y aspecto dejado se ganó tanto las risas de burla de los espectadores como gestos de preocupación en otros. ¿Se estaba volviendo loco? También, desde su curioso anuncio de dejar la interpretación, empezaron a oírse algunos medios asegurando que siempre iba acompañado por su cuñado Casey Affleck filmándolo todo con una cámara y, por lo tanto, que todo podía formar parte de un montaje.

Fue la comidilla de Hollywood durante meses, pero las dudas empezaron a despejarse a partir de la presentación del documental ‘I’m Still Here’ en el pasado Festival de Venecia, dirigido por Affleck. Aún así, durante el mismo certamen todavía muchos no veían claro si todo era falso o realmente Casey Affleck había filmado durante un año el peculiar día a día del actor. No se tardó mucho en despejar dudas. ‘I’m Still Here’ era un mockumentary (falso documental) y Joaquin Phoenix había estado interpretando durante ese tiempo un papel, dinamitando los límites entre el personaje y la persona, entre lo ficticio y lo real.

El resultado, como documental, no es especialmente innovador o excelente cinematográficamente: el ritmo es desigual, parte del material seleccionado para el montaje final poco aporta…, pero el gran interés y su valor principal está en un Joaquin Phoenix que mantuvo su “interpretación” ante periodistas, amigos, colegas, público en directo, programas de televisión de repercusión en una alocada broma que le podría haber costado el perder la amistad de más de un compañero de profesión (el cómico Ben Stiller, amigo suyo, no dudó en ridiculizarlo en la ceremonia de los Oscar a propósito de su aparición en el programa de Letterman) y poner en jaque su prestigio como intérprete.


Phoenix construyó su propio personaje de Joaquin Phoenix al borde de la decadencia física y desquicio mental, en una especie de ascenso y caída de un ídolo. Un proceso de autodestrucción filmado en el que además de su coraje hay un elevado nivel de exhibicionismo por parte del actor. Fiel a su postulado, en su ficción como rapero, de qué pretendía hacer aquello que deseaba sin importarle si gustaba o no a los demás, ‘I’m Still Here’ es también un mockumentary que no busca tampoco el éxito comercial o agradar. Entre cómico, ridículo, grotesco y patético, Phoenix arriesga siempre dando otra vuelta de tuerca, y ésta en ocasiones se desvía hacia el terreno de lo escatológico: mientras busca prostitutas por Internet no duda en profesar su pasión por oler determinada parte de la anatomía femenina; o uno de sus asistentes personales terminará por defecarse literalmente en él mientras duerme, cansado de las humillaciones de un Phoenix también despótico.

Por otro lado, consigue plasmar der rebote ese mundillo del espectáculo y de Hollywood, superficial, insolidario, de egos inmensos y fama con períodio de caducidad (el actor Edward James Olmos, Adama en la serie ‘Battlestar Galactica’ es de los pocos que intentan apoyarle con un consejo con una espiritual metáfora con gotas de lluvia, evaporaciones y cimas de montañas; o el productor musical, rapero y actor Sean “P. Diddy” Combs intenta rechazar con la mayor delicadeza su propuesta de grabación de un álbum). Las mayores salidas de tono de Phoenix, caso del show de Letterman, tienen un inmediato efecto bola de nieve mediático (visualizado al momento con un mosaico de imágenes en la pantalla) o entre las pocas imágenes que genera más allá de su estilo documental está, hacia el final, la de un Phoenix con traje, gafas oscuras y barba encuadrado en una pared, antes de iniciar una actuación en directo en una sala de Miami, como si fuera un cadáver dentro del ataúd.






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Comentarios

  1. Hay que tener agallas para hacer lo que ha hecho este hombre (y un poco de locura también), pero lo que está claro es que es una rebelión en toda regla contra ese pozo de pudrición e hipocresía que es Hollywood. Y en mi ciudad sin estrenarla.

    Un saludo

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  2. Sí, la crítica a todo lo de Hollywood está, pero no directamente. Sobre todo lo que tiene que ver con los medios de comunicación y las audiencias, o los egos de todos aquellos que se creen artistas. Hay mucha mala leche, la verdad. Y por parte de Phoenix es que es una "interpretación", cómo diría, suicida !!!

    En cines, je, poca gente la verá, Andrómaca.

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  3. Absolutamente de acuerdo en que, como documental, no aporta demasiado... excepto que no es un documental. Arrancado el velo, hay que analizarla como lo que es: una película de ficción. Y, en ese sentido, es cierto que el Affleck feo no aporta demasiado, su realización y labor de montaje es más bien pasiva, siempre a remolque del tour de force autolacerante de Joaquin Phoenix. Hasta que llega el momento en el que (OJO ESPOILERRRRRRR) Joaquin huye a Panamá. Allí Affleck, sin diálogos, nos cuenta una emotiva historia de problemática paternofilial con apenas un plano fijo y una cámara al hombro subjetiva tras de Phoenix, acompañada de un tema de piano + cello de Domenico Eunaldi que eriza los padrastros (FIN SPOILERRRRRR). Un remache extraordinario, inesperado, para una película cuyo valor es más sociológico que artístico.

    Cheers.

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  4. ¡Hombre, Marcbranches! Tú por aquí. La lástima es que no haya tenido apenas repercusión, ni aquí, ni en Estados Unidos, ni creo que en ninguna parte, pero 'I'm Still Here' debería estar en el cajón de las imprescindibles para ver, aunque sólo fuera para ver a ese Joaquin Phoenix abocado a la autodestrucción xDDDD

    Las imágenes inciales (filmada en VHX ochentero y, cómo ya sabrás, igualmente falsas, creada para la película), y la estupenda escena final, pues yo las veía más que cómo un conflicto cómo un momento de ensueño, de paraíso perdido, sin preocupaciones y cuando todo era más fácil, es decir, a recuperar (algo así como el "Rosebud" de Phoenix).

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