CRÍTICA: 'NEVER LET ME GO'

EN EL AMOR Y EL HORROR

Hay que enfrentarse a la película que nos ocupa desde la más absoluta ignorancia para abrazar la sorpresa.  Qué maravilla. Pocas veces se encuentra uno con descubrimientos de esta sensibilidad y calibre.
Inglaterra, 1967. Cathy, Tommy y Ruth son tres niños internados en un colegio inglés. A Cathy le gusta Tommy; Ruth se interesa por éste, también. Tommy está confuso. Son niños. Hasta aquí, todo normal. No obstante, ese internado no es uno de los cientos distribuidos en Reino Unido. Se trata de una granja humana de donantes, y los protagonistas son productos de la Nueva Medicina. Acompañamos a los tres a lo largo de su niñez, en la adolescencia (momento en el que abandonan el internado para integrarse en la sociedad real) y adultez, cuando cada uno afronta un destino dispar. Desde luego, una de las historias más horrendas en mucho tiempo narrada con la mayor belleza posible.
Son múltiples los referentes que le vienen a uno a la cabeza: desde la esperpéntica La isla de Michael Bay a Un mundo feliz de Huxley o El bosque de Shyalaman. No obstante, lo que diferencia a Never let me go de la mayoría es que no se trata de una distopía futura, sino paralela. Sería fácil tratar el tema a la ligera, por encima, o a las malas centrarse demasiado en lo grotesco de la narración. No obstante, Kazuo Ishiguro (autor de la novela homónima) y el guionista tienen la sensibilidad de centrarse en la relación amorosa que conforma el triángulo entre Cathy, Tommy y Ruth, de modo que la ciencia-ficción parece poco más que un pretexto, una característica más de sus vidas. Y con todo, la sociedad y las connotaciones que tiene este desarrollo médico quedan definidas con un amplísimo espectro de posibilidades y respuestas humanas. Durante cerca de treinta años, la relación entre los personajes y el embate del destino por el que han nacido tejen una poderosa historia que no puede dejar frío a nadie.
Claro que todo esto no funcionaría sin una dirección y puesta en escena clásicas, como el mejor cine británico. Los mismos elogios merecen música y fotografía, que incrementan la melancolía y calma de la película. Y los fundidos a color, las localizaciones reales y el tempo reflexivo...
Y un nombre: Carey Mulligan, ese descubrimiento de An education, encarna aquí a Cathy, narradora y personaje principal de la película. Su candidez y los matices de su interpretación hacen que todo fluya, y son palabras mayores en una cinta centrada en los personajes. Brilla del mismo modo Andrew Garfield (La Red Social, reboot de Spiderman), en el papel de Tommy, motivo del triángulo amoroso. Por último, Ruth es Keira Knightley, que al lado de sus compañeros está correcta, que ya es mucho. Entre los secundarios, todos perfectos, cabe destacar Chalotte Rampling. Por todos ellos, por el dolor que transmiten sus interpretaciones, hay que ver Never let me go en inglés. Es obligatorio hacerlo así, o quedaría en otra bonita cinta, y ya está.
En definitiva, es cierto que el cine inglés falla poco, que sus grandes bazas están en las interpretaciones y sabiduría en la producción. Aquí se da  todo ello. Una poderosa historia, unos actores sobresalientes y una melancolía que recorre la sala de cine y se instala muy dentro, en el pecho, a pesar del horror que acabamos de presenciar.


Lo mejor: Carey Mulligan, sin duda.
Lo peor: que alguien espere otra cosa en esto de la ciencia-ficción; que aburra el tono; que a alguien no le guste.


Comentarios

  1. Muy buena crítica. Lo suscribo todo, especialmente las interpretaciones de Mulligan y Gardfield, y la banda sonora de Rachel Portman. Por suerte leí el libro sin que me desvelaran la sorpresa, y el resultado fue desolador, igual que con la película. Sobre todo resulta escalofriante el hecho de que tengan tan asumido su papel en la vida que no muestren ningún atisbo de rebelión, exceptuando el momento del grito de Tommy, que hiela la sangre.

    En definitiva, me parece un peliculón que hay que ver si o sí, y varias veces. Da gusto encontrarse con cine de este tipo: delicado pero directo a la yugular.

    Muchos saludos

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  2. Imprescindible película... una lástima que no haya tenido la repercusión deseada, pero creo que el tiempo la situará donde merece... y sí Andrómaca, ese grito de Garfield hiela la sangre... ufff

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