Extra crítica: 'Hanna' - Inocencia asesina


El británico Joe Wright, previamente curtido en el teatro y la televisión, le otorgó un soplo de aire fresco y renovador a las adaptaciones de época en su debut, la notable ‘Orgullo y prejuicio’ basada en una novela de Jane Austen, al igual que en su segundo largometraje , la excelente ‘Expiación’, de nuevo tomando como fuente un libro, éste escrito por Ian McEwan. Sin embargo, en su incursión en el cine con una historia actual y en un entorno urbano, el de ‘El solista’, no fue tan afortunado. Su cuarta y más reciente película, ‘Hanna’, supone la continuidad en cuanto a enmarcar relatos en el presente, además, dándole un nuevo giro inesperado a lo que podría ser su trayectoria para abrazar el thriller de acción e intriga.

Sus cuatro películas hasta el momento permiten reconocer a un cineasta por lo menos inquieto y sorprendente al que le gusta huir de cualquier etiqueta o género. ¿Una revisitación del universo decimonónico femenino y feminista de Jane Austen? ¿Una trágica historia de amores y vidas cruzadas ambientada en la Inglaterra de los años 30 y 40 del pasado siglo, con los efectos de la II Guerra Mundial como telón de fondo? ¿La peculiar historia de un periodista que descubre a un genio del violín sin techo, y esquizofrénico, que malvive por las calles de Los Angeles? O ahora, ¿Un film de acción y suspense con una adolescente asesina como protagonista? Las propuestas de Joe Wright se van inscribiendo en ámbitos bien distintos.

Pero, en todas ellas, se permite al menos vislumbrar algunas de sus características más remarcadas, la de conceder especial relevancia a sus personajes protagonistas (los intérpretes son esenciales en su cine), su pasión por los virtuosismos técnicos (como los comentadísimos planos secuencia del segundo baile en ‘Orgullo y prejuicio’ o el desgarrador plano secuencia en la playa de Dunquerque), gusto por la belleza formal y dominio del montaje cinematográfico (un pequeño detalle, los flashbacks de ‘Expiación’) y un envidiable uso del espacio y los decorados, habilidad en la que ‘Hanna’ significa además un paso adelante.

Nacida para matar


Las primeras escenas nos presentan a una adolescente de 16 años, Hanna (Saoirse Ronan, pese a su juventud, convertida ya en actriz fetiche de Wright desde ‘Expiación’), que vive aislada junto a su padre (Eric Bana) entre los duros y helados parajes de un paradero desconocido situado en el norte de Finlandia. Lo que vemos es que ella está recibiendo una estricta educación, siempre en soledad y con la única compañía de su progenitor, que le permite aprender incluso varios idiomas, pero con el hecho curioso y añadido de que la principal “educación” que está recibiendo está dirigida a entrenarla para convertirla en una mujer de “acción”, en una asesina fría, una máquina de matar implacable. Todo ello, se supone, con la finalidad de que en un día ya cercano deberá enfrentarse, si desea sobrevivir, con alguien que desea eliminarla. Lo cierto es que ‘Hanna’, con una Saoirse Ronan inmensa, sin duda alguna haría palidecer de envidia a la mismísima ‘Salt’ de Angelina Jolie.

Su premisa inicial, pues, resulta desconcertante al ofrecer situaciones casi surrealistas o enigmáticas (spoiler) al pulsar el botón de un pequeño artilugio indicará no sólo que está lista para enfrentarse a su “amenaza” sino que también activará automáticamente a su rival, a aquella persona que quiere matarla (fin spoiler). Y en este contexto, actual pero que por la manera de vivir, los ropajes y el entorno que rodea a sus dos protagonistas parece prácticamente medieval, no tardará en producirse otro salto hacia otro lugar, y casi diríase que espacio y tiempo, el de la escenografía aséptica y prácticamente futurista de unas instalaciones secretas de la CIA.

Como no podía ser menos, el periplo de Hanna tratando de matar a su enemiga, escapando de asesinos a sueldo o intentando reunirse con su padre de nuevo, se transformará en un viaje vital de iniciación, el propio de una joven adolescente, pero “rara” y que se comporta más bien como una autómata incluso al recitar “quien es”, sobre todo al entrar en contacto con una familia de turistas norteamericanos formado por un matrimonio y sus dos hijos, un chico y una muchacha también adolescente. Todo ello en escenarios que la llevarán a Marruecos, España (que no se libra de los tópicos del Toro de Osborne o el flamenco), Francia y un desenlace final en Berlín.

Un mundo extraño


La extrañeza es una de las principales bazas a las que juega la película, en un guión, con algunos guiños a la ciencia-ficción, que por otro lado resulta menos enrevesado y sí más simple y tópico de lo que inicialmente hacía prever, pero es en la puesta en escena de Wright, apoyado especialmente en el rostro y el cuerpo (sea estático o en movimiento) de una estupenda Saoirse Ronan (capaz de transmitir emociones pese a su frialdad o naturaleza de “máquina humana” en la que se ha educado), donde ‘Hanna’ adquiere especial interés, sea en sus cadencias de planos en las secuencias de acción o el estupendo uso de algunos espacios y la coreografía de acción (por ejemplo, en el metro de Berlín, con el personaje de Eric Banna peleando contra un grupo de agentes).

O el aprovechamiento de la mezcla de, por un parte, el mundo violento y despiadado que rodea a la protagonista (uno de los esbirros que la persigue tiene una forma de comportase parecida al Alex DeLarge de ‘La naranja mecánica’ , o la misma forma de correr de Hanna recuerda al T-1000, Robert Patrick, de ‘Terminator 2’), con el de esa inocencia propia de una joven de 16 años que está en el fondo aún vinculada a su infancia. Ello permite plasmar sugerencias, tan bellas como “extrañas”, a los mundos de inocencia, y también crueldad, propias de los cuentos infantiles.

Así, la casa de los hermanos Grimm en el Spreepark, el parque de atracciones abandonado de Plänterwald, es un hogar tan entrañablemente dulce como una ratonera siniestra y mortal. O la villana de la función, Marissa Wiegler (Cate Banchett) está representada como una suerte de bruja con el pelo color fuego (pelirroja), obsesionada por lavarse machaconamente sus dientes, que más bien podrían ser las fauces con las que devorar a sus víctimas (spoiler) mucho más explícita es una de las imágenes finales con Marissa surgiendo de la boca de un lobo del desvencijado parque de atracciones intentando aproximarse a Hanna (fin spoiler). Unido al acierto de la banda sonora de música electrónica, hipnótica, dura, también de ensoñación inocente compuesta por la pareja de The Chemichal Brothers.

( Nota: Seleccionar con el ratón el texto oculto para poder leer los spoilers. )












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Comentarios

  1. Buena crítica. Ya me has puesto los dientes largos con ese plano-secuencia de la pelea de Eric Bana. La semana que viene cae sin falta.

    Un saludo

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  2. La pelea de Eric Bana es genial, y lo que aparece en el spoiler es una metáfora bestial, y en pantalla una imagen entre escalofriante e hipnótica... vaya últimos 15 minutos!

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  3. Joe Wright es un crack haciendo planos-secuencia. Y, por supuesto, lo que menos me esperaba del director de 'Expiación' es que se pusiera a rodar una película de acción !!! Y entre tanta mediocridad, ¡cómo destaca!

    Además, aplaudo que se base en una historia original (la idea original fue de un estudiante en la Vancouver Film School), y que a la hora de filmar, Wright ha asegurado que una de sus inspiraciones han sido las películas de David Lynch !!!!

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  4. Muy de acuerdo con la crítica. Yo que soy fan de Joe Wright tenía un poco de miedo de que su talento sólo apareciera interminente, como en la floja El solista. Pero no, en Hanna el talento es ubicuo y magnético. La película da varias veces giros sobre sí misma; del entrenamiento en aislación a viaje iniciático (casi a lo El pequeño salvaje), y de ahí a huída desesperada. Y Wright aporta el mismo mimo y detalle a cada una de esas etapas, aunque tal vez es en ese último tramo donde la película pierde un poco de fuelle, con demasiada gente corriendo de aquí para allá.

    Pero como dices, en esos últimos minutos también se encuentra el valor simbólico de la peli... Hanna pasea por la casa de Hansel y Gretel, por la memoria de cuentos populares, preguntándose por qué su cuento, su vida, no puede ser igual de risueña. Por qué un lobo feroz tiene que estar persiguiéndola siempre.

    Lo que me gusta de ella es que no es una "nolanada". No hay frases rimbombantes, no se cree más de lo que es. Incluso en el viaje iniciático por Marruecos, que podría ser el más pretencioso, no le ves la impostura por ninguna parte, es todo orgánico a la historia...

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  5. Excelente comentario, Cinematic !!! Sí, la verdad es que la de Hanna, pese a su corta vida, es como un cuento, pero extraño, durísimo, cruel y feroz. Nada risueño. Y una rara avis como persona al tener que enfrentarse también con la vida real.

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