Crítica: ‘Templario’ - Épica medieval con sabor a serie B


La leyenda negra en torno a Juan I de Inglaterra (1166 – 1216) en un reinado tiránico que propició injusticias y miserias, tanto a nobles como a plebeyos, ha alimentado la cultura popular en contra de su persona a lo largo de la Historia. También fue una época necesitada de héroes, de valientes que se rebelaran contra los desmanes de Juan sin Tierra defendiendo a los menos afortunados; el más emblemático de ellos Robin Hood, personaje icono de la tradición medieval inglesa recogido en infinidad de poemas, baladas, novelas e ilustraciones.

Aunque ‘Templario’ (Ironclad) se inspira en hechos reales narrando el asedio que, durante dos meses, sometió Juan I junto con sus tropas, la mayoría formada por un ejército de mercenarios daneses, al castillo de Rochester. La fortaleza había sido tomada por un escaso número de rebeldes con la intención de desviar la atención de su monarca y ganar tiempo a la espera de la llegada de fuerzas invasoras francesas, en este caso aliados, para apoyar a un nuevo heredero de la corona inglesa.

Es en este episodio de resistencia heróica sobre el que se centra la mayor parte de la película de Jonathan English, una épica en la que sus responsables han tomado como ejemplos clásicos de los 50 o 60 como ‘El señor de la guerra’, ‘El cid’ o ‘Los Vikingos’ más que títulos más recientes como ‘Gladiator’ o ‘Braveheart’. Pero, claro está, limitado a un presupuesto mucho menor, pese a que sea una producción costosa para un proyecto al margen de los grandes estudios hollywoodienses - unos 20 millones de dólares -. En su mente, la de los impulsores de ‘Templario’ estaba además el generar un relato de hazañas similar a ‘Los 7 magníficos’ - otro filme de los 60 -, pero recurriendo a la estética dura y cruda de un ‘Salvar al soldado Ryan’ para las escenas de acción y atrocidades en combate.

Significa también el tercer largometraje de Jonathan English, director sin demasiada suerte después que ‘La leyenda del minotauro’ (Minotaur), coproducida con España y vista en una de las ediciones del Festival de Sitges, pasara sin pena ni gloria a nivel internacional y aquí se estrenara directamente en formato doméstico.


Ni la una ni la otra revelan a English como a un cineasta dotado de un especial talento, pero sin duda sí a un director entregado y apañado, quizá no llamado a realizar grandes obras, pero al menos alguien que puede labrarse un nombre y carrera en el terreno de la llamada serie B. Y es que ‘templario’ adolece de numerosos y visibles defectos, empezando por la planificación de unas escenas de acción caóticas y torpes, cambios constantes de planos para intentar potenciar el dinamismo del relato o disimular la precariedad de los efectos visuales generados por ordenador, o breves pero abundantes planos con toques gore - siguiendo la actual moda tanto en cine como en televisión para este tipo de adaptaciones -, con el objeto de intensificar el salvaje dramatismo de la historia y mostrarnos toda la crudeza de la época en cuanto a la forma de luchar y morir.

Puede que ‘Templario’ no sea exactamente una buena película, y ni siquiera sus guionistas han sido capaces de rebajar el dramatismo de su guión con algún diálogo o momento cómico. Sin embargo, también se muestra intensa en algunas escenas y logra en buena parte recrear esa atmosfera de a principios del siglo XIII. Aunque lo mejor es el haber reunido a un formidable reparto con excelentes secundarios como Charles Dance, Derek Jacobi, Brian Cox o Paul Giamatti, éste encarnando a un Juan I villano y despiadado en una interpretación que podría haber caído fácilmente en la caricatura y que en manos de Giamatti aún consigue estar correctamente contenida y dotar a su personaje de cierta humanidad, como en una de las escenas finales, en la que recuerda como su padre, Enrique II, le instruía ya de niño en las artes de saber mantenerse como alguien inflexible y violento para mantener el poder, aunque ello implicara también ser injusto hacia sus vasallos.

Y como mandan los cánones en este tipo de épicas, colectivas y a menudo anónimas, se fundamentan en su trasladación al universo cinematográfico en la figura de un héroe, aquí un caballero templario llamado Marshall – rodeado de otros “siete” valientes guerreros más -, de tormentoso pasado e interpretado por James Purefoy, inolvidable como el Marco Antonio de la gran serie ‘Roma’, y el protagonista de otra adaptación de aventuras de época, europea y también de serie B, como era ‘Solomon Kane’. Recayendo en Kate Mara el interpretar a su interludio romántico, una Lady Isabel casada sin amor con el anciano señor del castillo de Rochester (Derek Jacobi), a la vez que pondrá a prueba la castidad de Marshall en asuntos del corazón o del lecho. Ello conforma una propuesta bastante entretenida, si bien irregular tampoco carente de interés para aquellos aficionados ávidos de una aventura de gestas medievales.



Estreno: Viernes 22 de julio 2011







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Comentarios

  1. El nombre del prota suena a guiño a William Marshall, más conocido co Guillermo el Mariscal, no templario, pero si modelo de caballeros.

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