Zinemaldia 2011: Albert Nobbs.


Vaya por delante que Rodrigo García me parece un director muy infravalorado, y su debut, Cosas que diría con sólo mirarla, un peliculón. Pero creo que con Albert Nobbs ha metido la pata. Tal vez el dejar de lado su estructura de historias cruzadas le haya sentado mal a su cine. O tal vez sea que tras el planteamiento de Albert Nobbs no hay mucho que rascar.

La película tiene un par de grandes momentos. Aquel en el que se descubre el sexo de la protagonista y la escena en la que vuelve a sentirse libre en su piel corriendo frente al mar (en un claro homenaje a Los 400 golpes de Truffaut). Pero estamos hablando de momentos aislados cuya esencia debería impregnar todo el film pero no lo hace. La película se pierde en unos secundarios carentes de interés (en especial los de Mia Wasikowska y Aaron Johnson) y en tramas que quieren aportar un toque coral a lo Orgullo y prejuicio pero sólo acaban estorbando y dando un molesto aire culebronesco a la película.



Albert Nobbs también se queda corta por las débiles motivaciones de la protagonista. No cuestiono que Glenn Close haga un gran trabajo (seguramente la nominen la Oscar), pero su personaje está por trabajar y no es todo lo complejo que debería. Su opresión es sólo un pretexto y su meta no es liberarse, sino montar un negocio y buscar a una mujer para seguir alimentando la mentira en la que ha vivido toda su vida. No hay, pues, un gran conflicto interior que mueva al personaje ni remueva al espectador.

Albert Nobbs merece un pase por Glenn Close, por la ambientación y por algunos diálogos realmente ingeniosos. Pero es una película superficial consciente de serlo. Y si hay algo que me repatea es que una película con el potencial de ir más allá se quede en lo cómodo y lo conocido. Esto sería normal si se tratase de cualquier cineasta novato, pero causa extrañeza y decepción viniendo de alguien experto en la introspección femenina como Rodrigo García.




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