Sitges 11: 'Bellflower', pretenciosidad al poder

Woodrow y a Aiden se dedican a construir armas y tunear vehículos para, en caso de que estalle un apocalipsis nuclear, poder sobrevivir en la carretera al estilo Mad Max. Todo cambiará el día en que Woodrow conozca a Milly y el amor se introduzca en su vida.

Este es el argumento de 'Bellflower', cinta que llegó a Sitges con unas expectativas por las nubes y que se convirtió en un what the fuck? en toda regla.

¿Y por qué? Pues basicamente porque todo empieza pareciendo una nueva incursión en el movimiento cinematográfico del mumblecore, ese que por desgracia o por suerte parte con poco dinero, actores no profesionales con un gusto refinado por la improvisación e interpretaciones de corte naturalista, planos largos con la cámara en mano y un sonido bastante 'Catfish'.

Este tipo de films siempre han existido, pues es basicamente el cine independiente de toda la vida, aunque con diversos matices. El problema es que 'Bellflower' pretende dar un giro de tuerca al movimiento y olvidarse de las reflexiones espirituales, del amor y de dar sentido a la existencia de una generación, sorprendiendo a golpe y porrazo. Aunque más bien yo diría que con un hacha y sin advertencia.

Y le ha salido mal. Muy mal. El giro final, sea 'eso' lo que da a entender o no, es completamente prescindible con la tónica de la película y una forma de querer sorprender al espectador bastante fácil, barata y carente de ideas.

No puedo contar más porque os spoilearía toda la película. Creo que lo único que quería el director y protagonista Evan Glodell -que estuvo en Sitges pero me lo perdí- fue dar un golpe de efecto y que su film se convirtiese en la película de culto de la temporada.

No ha tenido suerte, escasos aplausos y algún abucheo.

El trailer:





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