Kubrick: El pirado y el sexo


Tratar de explicar la relación entre el pirado neoyorkino y el sexo llevaría semanas. Fue tan compleja como cualquier otra cosa de las que rodearon a Kubrick. En sus películas el sexo es representado de forma animal, siempre carente de afecto, siempre en situación de superioridad por alguna de las partes. Kubrick utilizó el cine para explorar su lado más oculto en referencia al sexo. De modo contradictorio, por supuesto, que al fin y al cabo se trata de Kubrick.

Por ejemplo: en “Lolita”, Kubrick eliminó púdicamente la práctica totalidad de las referencias sensuales de la novela de Nabokov para realzar la idea del destino trágico encarnado por Humbert Humbert. En “El Beso del Asesino” la protagonista es atacada sexualmente por un matón del club nocturno en el que trabaja. En “Espartaco” es el vouyerismo, que tanto excitaba a Kubrick, el que aparece en la escena en que Varinia y Espartaco hacen el amor mientras son espiados. En “¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú” son innumerables las referencias que sitúan a la mujer como mero juguete sexual destinado a la satisfacción del hombre. El sexo en grupo con prostitutas, y las violaciones de campesinas son las únicas referencias en torno al sexo que aparecen en “La Chaqueta Metálica”. En “Barry Lyndon” no faltan las prostitutas con las que el amoral protagonista se divierte. Pero fue en “La Naranja Mecánica” en donde todas sus fantasías estallaron.

Y la primera de ellas fue el morbo. Kubrick no se sintió especialmente atraído por la novela de Anthony Burgess hasta que supo que se inspiraba en un hecho real: la espantosa experiencia vivida por el autor en 1944, cuando cuatro soldados desertores del ejercito británico apalizaron y violaron masivamente a su embarazada esposa en Londres. Como resultado: ella perdió el hijo que esperaba y Burgess quedó traumatizado para siempre.

Una vez conseguidos los derechos, y ya en plena producción, Kubrick continuó desplegando sus fantasías. Una de ellas consistió en contratar a la joven y hermosa escultora Liz Jones, quien ya había trabajado con el pirado en “2001: Una odisea en el espacio”. Para la ocasión, Stanley le pidió que diseñara las mesas con forma de mujer a cuatro patas que aparecen en la película, con una sugerencia extra: deseaba que fuese ella la modelo utilizada para modelar las figuras. Jones se negó y terminó siendo John Barry (el músico no, otro Barry) el encargado de fabricar aquella extravagancia utilizando bailarinas de striptease del Soho para dotar de curvas al metacrilato.

En otra ocasión se presentó en su oficina con un puñado de catálogos de lencería y books de modelos de pasarela. Llamó a dos de sus colaboradores, Andrew Birkin e Ivor Powell, para mostrárselos. Las páginas contenían numerosas anotaciones y muchas de las modelos estaban marcadas con una X. Les dijo entonces: “Podríamos hacerlas venir para una audición”. Birkin y Powel, extrañados, sólo atinaron a preguntarle: “¿Por qué?”.

Y es que las audiciones de Kubrick durante la prepoducción de “La Naranja Mecánica” son legendarias. Realizó varios cientos de audiciones siempre para cubrir los papeles femeninos de la película. Nunca hizo audición alguna a un hombre. Según contó la actriz Adrienne Corri (que terminaría apareciendo en la película), ella fue advertida por el director de casting de la curiosa particularidad de los castings del pirado:

“El director de casting me dijo: Adrienne, está pidiéndole prácticamente a todas las actrices de Londres que vayan a su pequeña oficina que tiene una cámara de vídeo escondida y les dice que se quiten la blusa y el sostén para poder verles las tetas. Y yo le dije: Pues una mierda, y me fui a hacer una obra de Iris Murdoch a Greenwich. Otra mujer consiguió el papel, pero después de dos días de estar trabajando la escena, se le habían desgarrado los músculos del estómago y el director de casting volvió a llamarme. Stanley me pidió que me desnudara de cintura para arriba, pero me negué. Suponte que no nos gustan tus tetas, Corri -me dijo-. Le contesté que era una bestia.”

No, no era una bestia, se trataba del pirado en su salsa. Disfrutó como nunca durante la preparación de “La Naranja Mecánica”, pero aún lo hizo más durante el rodaje. Especialmente en la escena en la que Corri es violada por el grupo de drugos. Brutal escena que, a modo de venganza contra la actriz, ordenó repetir decenas de veces.

El era así, y así fue siempre. Como muestra sirva esta pequeña anécdota ocurrida durante la frustrada preproducción de su “Napoleón”. Para dar una idea a su diseñador de vestuario (John Mollo) de lo que quería, Kubrick contrató a un prestigioso diseñador de ópera y ballet llamado David Walker a quien dio secretas directrices de los dibujos que debía realizar. Varios agotadores meses más tarde, Walker abandonó el proyecto. Su excusa fue, en sus propias palabras, “No voy a pasarme más tiempo haciendo dibujos pornográficos para Kubrick”. Al parecer, el pirado le encargó una serie de grabados en los que mujeres ataviadas con trajes imperio lucían profundos escotes con los pechos saliéndoseles.

No tan conocida es la historia de cómo trató de filmar la primera película pornográfica interpretada por estrellas de Hollywood sin usar dobles y con sexo explícito de por medio. Todo comenzó en 1963, cuando el guionista Terry Southern comenzó a escribir una novela inspirada en el mundo del hardcore que recibió el título de “Blue Movie”. Para comprobar su viabilidad, Kubrick organizó varios pases de películas porno en su casa. Finalmente le confesó a Southern: “Sería estupendo que alguien hiciese una película pornográfica en condiciones de estudio”. Sin embargo, el proyecto no llegó a avanzar demasiado. Lo hermético del circuito azul, las seguras reticencias de cualquier estrella hollywoodiense a practicar sexo frente a una cámara y el hecho de que la pornografía estuviese prohibida en los States fueron suficiente motivo para hacerle archivar el proyecto de modo indefinido.

No resulta extraño, tras todo lo expuesto, que la última película de Kubrick girase obsesivamente alrededor del sexo y la vida en pareja. En “Eyes Wide Shut” confluyeron todas y cada una de sus fantasías en sus casi tres horas de metraje. Reapareció el vouyer de “Espartaco”, cuando Cruise se infiltra en una multitudinaria orgía. Se reavivó la memoria púber de “Lolita” en forma de insinuante prostituta adolescente ofreciéndose al protagonista. El fetichismo, la violencia, está todo. Incluso la rumorología acompañó el proyecto en forma de falsas leyendas que incluyen inoportunas eyaculaciones de Harvey Keitel sobre la Kidman durante la filmación de una tórrida escena, hasta renuncias de varias actrices a causa de lo explícito de sus papeles. Se habló incluso, dada la pasión de Kubrick por la fotografía y las pretéritas experiencias junto a los célebres fotógrafos Weegee en “¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú” y Henri Cartier-Bresson en “El Rostro Impenetrable” (rodaje que el pirado terminó por abandonar), que había contratado a Helmut Newton para realizar una serie de fotos fijas de alto contenido sexual con Kidman y Cruise como protagonistas.

Su carrera no pudo acabar de otro modo que como lo hizo. Ocurrió en la escena final de “Eyes Wide Shut”, y fue Nicole Kidman la encargada de, mirando fijamente a los ojos de su marido, convertir en palabras la eterna obsesión de Kubrick:

Alice: “¿Sabes? Hay algo muy importante que debemos hacer lo antes posible”
William: “¿Y qué es?”
Alice: “Follar”









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