'Mildred Pierce', el drama entre pasteles



Mientras “Alma en Suplicio” (“Mildred Pierce”, 1945) era una de las muchas producciones de cine negro con las que Warner Bros enriqueció el cine norteamericano de los años 40, la “Mildred Pierce” (2011) realizada por la cadena televisiva HBO ignora cualquier toque noir para ahondar en el carácter melodramático de la obra escrita por James M. Cain (“El cartero siempre llama dos veces”) ofreciendo así a su protagonista principal, Kate Winslet, un vehículo para su lucimiento interpretativo.
Ya ocurrió en la primera versión, cuando la “divisima” Joan Crawford lograba su único Oscar en un papel que, como otros muchos, disputó hasta el último momento a Bette Davis.

Sea cual sea el género desde el que se afronte el relato, es el personaje de Mildred Pierce, sufridor, abnegado, honesto, el verdadero activo de la obra. Una deliciosa tarta para una actriz. Un dulce de personaje con el que desplegar un completo catálogo de dotes dramáticas.

Michael Curtiz (“Casablanca”) utilizó flashbacks, enfatizó a la femme fatale, jugó con los claroscuros y buceó en las traiciones de género. Todd Haynes (“Lejos del cielo”) se lo da todo a Winslet y ese todo reside en la historia de superación personal de una madre en la época de la Gran Depresión americana. Melodrama puro que se acerca más al tono clásico de Douglas Sirk que a lo que Michael Curtiz y la Warner propusieron.

En sus 5 episodios de alrededor de 1 hora de duración seremos testigos de la evolución de Mildred y su lucha constante con el entorno donde no falta una buena crisis económica (empecemos a hacer paralelismos), tragedia familiar, lucha de clases, emancipación de la mujer, romances y dificultades materno-filiales.
La visión de Haynes es condescendiente con la figura de Mildred. Quizá demasiado. Es,casi exclusivamente, la serie de una mujer de carácter en la que los secundarios (Melissa Leo, Guy Pearce, Brian F. O´Byrne) giran a su alrededor sin posibilidad de cobrar entidad y donde la malvada (y también estereotipada) Veda Pierce (Evan Rachel Wood) es la única que goza de mayor cancha para hacer sombra al poder de Winslet/Pierce.

No todas las situaciones narradas tienen la fuerza dramática que su puesta en escena, ambientación e interpretación principal reclaman y su propuesta marcadamente clásica y actoral llega a perjudicar a la visión de Haynes, que olvida reforzar las subtramas en beneficio de su amado personaje, provocando numerosos altibajos en la narración cuando las desgracias y el sacrificio de Pierce desaparecen dejando paso a la corrección generalizada y a otros conflictos (comprar una casa junto a Monty Beragon, encontrar un profesor adecuado de piano) de menor interés.

La sensación es grata aunque algo insípida, alguna pizca del noir de Curtiz no le habría venido nada mal a esta revisión, que, sin embargo, ofrece una inmensa galería interpretativa de la que probablemente sea la actriz más en forma del momento actual, Kate Winslet, en uno de los papeles femeninos más agradecidos que se hayan escrito.

Por Robgordon ( Blog: El séptimo cielo )








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