Crítica: ‘Moneyball: Rompiendo las reglas’ – Béisbol, triunfo, fracaso y Norteamérica


‘Moneyball: Rompiendo las reglas’ es una de las películas más “americanas” de la temporada, y dicho sea esto con todo lo que supone de positivo y negativo. Ahí están algunos de los subgéneros preferidos por los norteamericanos, como son los “basados en hechos reales”, el del “deporte como metáfora de la vida misma” o el de la filosofía del “triunfo” épica de un grupo de individuos por los que nadie daría un céntimo dispuestos a hacer Historia, pero hay más, claro.

Adaptacion de un libro prácticamente inadaptable, ‘Moneyball: The Art of Winning and Unfair Game’, obra de Michael Lewis, narra la osadía de Billy Beane, el gerente general del modesto clup de béisbol de los Oackland Athletics, quien harto de ver como los grandes equipos de la liga les birlaban a sus mejores jugadores decidió poner en marcha un revolucionario método: ¿Cómo competir con los grandes equipos si pueden comprarte las grandes estrellas en cualquier momento? La respuesta se basaba en las teorías de Bill James, autor de una teoría basada en la estadística aplicada al juego. Contrató a un joven economista, Peter Brand (Jonah Hill) que desarrollaba aplicaciones informáticas para dar con aquellos jugadores que habían decepcionado, que habían sido descartados. Auténticas piltrafas deportivas, pero cuyo potencial y cualidades, sumadas a las de otros jugadores, darían como resultado no a estrellas individuales sino a un equipo prácticamente invencible. En otras palabras, el juego en equipo antes que el de las grandes estrellas.

La gestación de la propia película también significó en sí una odisea – Steven Soderbergh fue uno de los directores inicialmente previstos para tomar las riendas tras las cámaras -, y fue con la entrada de Brad Pitt, protagonista absoluto – no en vano es también uno de los productores -, que el proyecto adquirió forma. La adaptación del guión también cuenta con una de las “estrellas” guionistas actuales como es Aaron Sorkin – la serie ‘El ala oeste de la Casa Blanca’ le dio el prestigio, su impecable y oscarizado Oscar por ‘La red social’ lo consagró -, trabajando junto con otro de los grandes del mundo del guión, Steven Zaillian – quien sólo por haber adaptado el guión de ‘La lista de Schindler’ ya se merece desde entonces todos mis elogios -.

El guión de Zaillian y Sorkin debe lidiar con la visualización de muchos planos de la frialdad de los números, datos y estadísticas, de los diálogos concisos pero precisos, unido al verismo cercano al documental que busca la puesta en escena . Sólo emoción contenida, una contención que sólo se romperá, en lo que se refiere a la trama de los juegos de béisbol, en uno de sus tramos finales, cuando los Oakland Athletics estén a punto de realizar su posible hazaña de ganar 20 juegos consecutivos. Y ni siquiera hay, para contentar a ciertos sectores de la platea, una subtrama de amor. Beane está divorciado y sólo muestra su lado más tierno y cándido cuando está junto a su hija.



Hechos reales, por una parte, y la constancia que, al fin y al cabo, los jugadores, managers o asesores más que personas son sólo cifras, números calculados en función de su valía o de lo que valen en dólares. O el dato curioso, también muy “americano” que muchas de las conversaciones que mantiene Billy Beane con los gerentes de otros clubes se asemejan a las que podríamos encontrar en una película de gangsters – cierta crispación y tensión, el deseo de poder, el iniciar una conversación o bien yendo al grano, directamente, o bien empezando con un tema banal, cómo si no se fuera a tratar algo más importante… -.

La referencia a ‘La red social’ resulta inevitable, ‘Moneyball’ tiene bastante que ver en cuanto a estructura y narración con el espléndido largometraje de David Fincher, pero mientras Fincher es uno de los grandes maestros de la dirección en el Hollywood actual – y alguien que siempre sabe dotar de una atmosfera densa y oscura a sus películas -, Bennett Miller, director de ‘Moneyball’, aún tiene mucho que decir. Su primer largometraje de ficción fue la notable ‘Truman Capote’, y aquí vuelve a demostrarme que, aunque no puede hablarse de genialidad, su nivel es realmente bueno.

Buena dirección. También buenas interpretaciones, entre los secundarios, brilla Philip Seymour Hoffman encarnando al escéptico y veterano entrenador de los Athletics, y especialmente Brad Pitt – estaré de acuerdo con todo aquel que me diga que es un actor que gana con la edad -, teniendo en cuenta que alabar su interpretación de Billy Beane tiene mérito: se pasa la mitad de la película masticando algún tipo de alimento o bien golpeando objetos y mobiliario variado, y la otra mitad poniendo semblante taciturno y de gran tormento interior.

Además, buen montaje, buena fotografía, buena música original de Mychael Danna – el minimalismo de su composición, contenida y elegante, le va de perlas a la dramaturgia de la narración -, buena historia extrapoblable más allá del ámbito deportivo; de perdedores que en el fondo no lo son tanto, que se cuestionan sus errores del pasado y se mantienen fieles a sus principios, buscando siempre sus propios retos … otra cosa es que la temática sobre béisbol llegue a interesar más allá de las fronteras Norteamericanas – una cuestión puramente comercial -, o que una vez vista la impecable película dirigida por Miller uno se quede con la sensación de haber visto realmente una de las grandes películas “americanas” de los últimos meses.















Comentarios

  1. personalmente considero que me produce sueño mucho sueño Brad Pitt, pesimo actor.

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