Crítica: 'Los juegos del hambre' - El reality de la muerte


Supongo que lo primero que ha de quedar claro es que yo, antes de sentarme en la butaca, no había leído ni una página de la ya celebérrima saga. Vi "Los juegos del hambre" con ojos nuevos, no me pasé la película pensando continuamente eso de "pues a él me lo imaginaba mucho más guapo" o "aquí falta esto". Lo cual puede tomarse como ventaja o como inconveniente.

El caso es que, desde el minuto 1, "Los juegos del hambre" engancha. Si no tienes ni idea de la historia escrita por Suzanne Collins, al principio te encontrarás un poco desconcertado pero, sin saber aún por qué, ya te has sumergido de lleno entre palabras que ahora adquieren un nuevo significado, como "cosecha", "tributo" o "Capitolio". A esta rápida entrada en el mundo de los Juegos del Hambre contribuye sin duda una Jennifer Lawrence perfecta en su papel, que dota a Katniss de personalidad y vida propias. El resto de personajes contribuyen a crear este complejo universo, entre los que destaca Lenny Kravitz con un papel que en principio seguramente hizo levantar la ceja a más de uno (malditos prejuicios) pero que defiende con soltura. Pero si hay un personaje con carisma ese es el encarnado por Woody Harrelson. Aplaudes mentalmente cada vez que su Haymitch aparece en pantalla.

Si bien es cierto que se echa en falta un mayor desarrollo de personajes. Son muchos, si. Pero la película habría ganado en "chicha" (expresado de un modo más formal: en profundidad) si realmente nos hubiese importado que los chicos y chicas, excepto Katniss, que se hace querer, muriesen o no. Y no es culpa de ellos, que defienden muy bien a sus personajes, sino de que en dos horas de metraje no se puede concentrar tanto como hay en el libro. Y esto es perceptible hasta por mí, que no lo he leído: 25 páginas del libro quedan resumidas a través de una frase dicha por algún personaje pero, en fin, sabemos que esto es casi inevitable si hablamos de adaptaciones literarias.

'Los Juegos del Hambre' es terriblemente entretenida y se devora con gusto minuto a minuto. Pero no se trata sólo de un producto rollo fast food, disfrutable y olvidable. No, porque otra de sus bazas es la profundidad de lo que cuenta: básicamente se trata de un mundo dividido en un puñadito de ricos y un gran puñado de pobres. Los ricos se aburren entre ensaladeras doradas y máscaras de pestañas, pero encuentran un gran divertimento en su particular Gran Hermano: la casa aquí es un enorme bosque, los concursantes en este caso son 24 adolescentes escogidos al azar (y sin opción de echar a correr) y, en lugar de nominaciones, lo que hay son puñaladas. En Gran Hermano son traperas, aquí literales. Porque el ganador del Juego será aquel último que se mantenga con vida en una encarnizadísima lucha para la que, los ricos, colocan a disposición de los jovencitos títeres un arsenal de armas que les dé ese espectáculo que buscan ver desde los sillones de sus grandes casas. Porque, por supuesto, todo se retransmite por televisión.


Para redondear la jugada, la historia se adereza con un punto extra: los concursantes que más gusten a la emocionada audiencia (en Gran Hermano denominados como los "favoritos") obtendrán regalos (armas, comida, medicina) del exterior. Vamos, que han de entrar al matadero y encima sonriendo. Como una corrida taurina, en la que cada adolescente es un torito que sabe que va a morir pero que, para entretener a esas gradas que vociferan y ríen mientras mastican sus bocadillos de jamón ibérico, antes de que le claven la banderilla se dedica a perseguir el capote y a corretear un rato por la plaza. Hasta que la sangrienta estocada final da por finalizado el divertimento. Y cada uno para su casa. Y al torito lo arrastran por la arena, y mañana ya traeremos a otro.

Por tanto, puede ser vista desde muy diferentes ángulos y ser definida como una crítica brutal a las abismales diferencias entre ricos y pobres, al sometimiento de estos últimos bajo la "élite" de los primeros, al inmenso y en ocasiones escalofriante poder de los medios de comunicación y, en concreto, de los cada vez más agresivos reality-shows, a la importancia de ser popular y gustar a cuantos más mejor, al placer por el sufrimiento ajeno. Tantas y tantas lecturas que hacen de Los Juegos del Hambre una historia realmente brutal y extraordinaria.

Dejando a un lado la trama, que no deja de ser obra de la escritora de los libros, la adaptación cinematográfica resulta al final bastante conseguida. En dos horas se empapa y transmite con claridad las ideas principales de la novela, que son las que hacen de ella una historia tan poderosa.

Quizá un final demasiado precipitado, que no sabes cómo ha llegado, sea lo más flojo de una película emocionante, acelerada y a ratos incómoda (porque hace pensar, lo cual está realmente bien), de esas que te asestan un buen puñetazo en el estómago.

Tal vez los fans de la saga salgan decepcionados, o tal vez encantados. No lo sé. Lo que sí sé es que la obra de Gary Ross me ha hecho salir corriendo a la librería más cercana.














Comentarios

  1. The Hunger Games se ha ganado un puesto dentro del mundo de las sagas cinéfilas actuales, gracias al elaborado universo que lo compone, seguido por una filosofía estricta que no habíamos visto antes. Sorprendente y entretenida, no aburre para nada. Además está dirigida con sombría elegancia y buen gusto de Gary Ross con la estimable ayuda de Steven Soderbergh en la segunda unidad y eso hace más fuerte y atractiva la película. Los Juegos del Hambre es una cinta muy recomendable.

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