CRÍTICA: 'DIAMOND FLASH'



Cine español honesto. Joder, qué asco.

Carlos Vermut conoce el prejuicio, y por eso decide hacer las cosas a su manera. Hacer el único cine en el que cree, como quiere y puede, con escasez de medios, sólo talento e intuición.

Diamond Flash no se ha estrenado en las salas de los mejores cines, como todas las películas habidas y por haber, sino en tu ordenador y algunas proyecciones concentradas en locales y festivales. Dado el salto mortal con tirabuzón que lleva a cabo el director, no es de extrañar que haya prescindido de venderse de la forma usual con un más que probable batacazo en taquilla. Esta estrategia se ha demostrado inteligente, ya que al ser Filmin el único distribuidor para quien quiera ver la película (al igual que con Carmina o revienta de Paco León), le ha hecho adquirir la cualidad de culto. Para ver Diamond Flash no basta con ir al cine; no, hay que buscarla en un portal web, estar dispuesto a pagar los 3 euros que cuesta, y disfrutarla en casa. Evidentemente, si el resultado no estuviera a la altura, no fuera distinto, no dinamitara las normas del género, no habría adquirido tanta repercusión.

Y es que Diamond Flash, nada más comenzar, deja las cartas sobre la mesa. Ahí está todo lo que va a ser la película, a la que hay que llegar con la fe del que quiere creer, sin saber nada sobre el contenido, porque el prejuicio supone barreras. Sin entrar en detalles, Diamond Flash cuenta las historias de varias mujeres puestas contra la espada y la pared, unidas por un eslabón misterioso... y hasta ahí puedo leer. Porque tal vez la principal virtud de Diamond Flash reside en lo que no cuenta, en el empleo de la elipsis y el fuera de plano, en lo que deja intuir.

A nivel formal, claro, esto se traduce en una puesta en escena austera que basa su efectividad en una excelente dirección de actores (todas las protagonistas, desconocidas, se salen en sus papeles) y economía de medios. El referente más cercano en cuanto al espíritu que destila la película sería Haneke, con sus planos interminables, sus giros emocionales, su ambiente enfermizo... En España, el autor que más se aproxima al trabajo de Carlos Vermut puede ser el Jaime Rosales de La soledad, sin ser Diamond Flash nada de eso. Con todo, la película alcanza momentos de verdadero genio como la escena del tarot o la aparición del archiconocido y archiexplotado y archipresente Miguel Noguera, que dotan de mayor interés al conjunto.

Advierto: Diamond Flash no es divertida ni entretenida, pero tiene una capacidad cautivadora, un arte hipnótico que impide apartar la vista de lo que sucede en pantalla, a todas luces trallazos de realidad. De todos modos, nada es lo que parece en esta película porque, como digo, Vermut se encarga de revolver los géneros sobre sí mismos, de deformarlos y vomitarlos bajo un nuevo prisma. No obstante, a veces la sencillez formal llevada al paroxismo puede ser contraproducente y provocar hastío si el espectador no ha logrado conectar con los personajes.

En definitiva, arriesgada propuesta y cinta de culto de interés para todo cinéfilo que se precie, en absoluto producto de masas, cabe preguntarse cómo habría sido la película si Vermut hubiera dispuesto de los medios deseados, aunque como espectador, como cinéfilo quiero creer que el director ha hecho la película que quería hacer. Merece mi interés. Le seguiré la pista.











Comentarios

Entradas populares