Sitges 2012: 'The ABCs of Death' - 26 maneras de morir


Parece una chaladura monumental o una idea indigestada por parte de un productor megalómano, pero ahí está la cosa. A alguien (en realidad ha sido el productor Ant Timpson) se le ha ocurrido dedicarle a cada letra del alfabeto una peliculilla de terror en forma de corto usando el talento, o no, de un puñado de directores relacionados con el género. En total, 26 episodios, de la A a la Z, de cuatro minutos y encabezados por nombres como Nacho Vigalondo, Ti West, Xavier Gens o Ben Wheatley. Todos juntos pero no revueltos en lo que es probablemente la más salvaje antología terrorífica de los últimos años.
Salvaje como concepto, ojo. Que aquí los resultados son muy dispares, y hay de todo un poquito. Es más, quemada la carta Vigalondo (el primero, Apocalypse, y casi el mejor de todos los cortos) y a la vista de los dos siguientes fragmentos el entusiasmo cae hasta la negrura más absoluta: no ha habido filtros, no ha habido control de calidad. Bien, parte de la gracia era esa, dejar que cada realizador se expresara a su buena manera. Pero se le presupone a todo esto una factura mínimamente superior a la de cualquier alumno de primero de cine. Y en muchas ocasiones, eso ni siquiera se huele.


Pero ya decimos, hay un poco de todo. Gran variedad técnica y temática, visiones más fundamentadas y fugaces ocurrencias, mejores o peores. Fragmentos de gran virtuosismo técnico para ideas mamarrachas y fogonazos de genio en productos que en cambio duelen a la vista. Cobros de cheque por adelantado que se han saldado luego con indignas anécdotas pseudocinemtaográficas, como el momento de gloria de un Ti West que siempre pone en entredicho su inexplicable prestigio. O sinceras muestras de pasión cinematográfica por gente que podría no haber visto un duro. Supongo.



Una diversidad ligera como un surtido de galletas que se corresponde, lógico, con la variedad de formatos. Hay mucha ficción tradicional, pero también hay algunos segmentos de dibujos animados, stop motion, mezcla de todo ello, espantosos pasajes experimentales (y desastrosamente pretenciosos, como el onanismo mental aguachirri de Srdjan Spasojevic), algo como un mockumentary metalingüístico y hasta un horrible cartoon a lo Tex Avery rodado en imagen real. Y con ello, un carrusel de géneros que trascienden -menos mal- el terror más o menos blanco, más o menos formulaico, tan tristemente actual en el panorama palomitero hollywoodiense. Por aquí hay suspense, comedia grotesca y escatológica, comedia negra, ciencia-ficción o costumbrismo enrarecido y un tono general a despiporre fugaz que, pese a sus momentos chungos, no deja ningún poso.

En cuanto al tono, tres cuartos de lo mismo. Hay algunos fragmentos que se pelean a cuchillo con la monotonía (Dogfight), otras que parece que pisan el acelerador para intentar colar el mayor número de animaladas (esa cosa llamada WTF!), algunos francamente escatológicos (Fart), otros muy subidos de tono sexual y bastante hardcore en un plano moral (Libido), los de más allá absolutamente anodinos (Bigfoot), con pretensiones de crítica social (Pressure) o directamente bordeando la chifladura más absoluta (Zetsumetsu).


Con todo, ante ABC's of Death y a pesar de su larga duración -superior al par de horas- a uno no le da tiempo a aburrirse: en cuanto se da cuenta ya se ha terminado la cosa y estamos en el siguiente episodio. El interés y el morbo se renueva, y aunque luego acostumbra a no corresponderse con resultados reales, la chispa se mantiene considerablemente bien en virtud de la filosofía del zapeo y el picoteo estilístico.

Así que sí, el balance, poniéndose un poco crítico, tira a lo negativo: hay cosas realmente jodidas entre todo este batiburrillo de disfunciones fílmicas. Pero el cómputo global es cañero, entretenido, guarro y a ratos tremendamente bizarro. Y entre tanto terror pijo y tanta rutina llenando plateas, en el panorama comercial ya vienen bien estas dosis de cafrerío de vez en cuando. Nos vale.







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