Crítica: ‘Holy Motors’ – El irreductible cine de Leos Carax


‘Holy Motors’ es el tipo de película con la que cualquier buen amante del cine desearía toparse al menos una vez al año. Una obra personal y libre, ajena a las ataduras de los gustos y de lo que dirá el público. Un desafío al intelecto y al corazón en su entresijo de personajes y situaciones que se saborean entre el desconcierto y la fascinación, manteniendo en cada escena intacta su capacidad para sorprendernos, para hacernos creer que el cine puede ser una experiencia asombrosa. Y una propuesta abierta de las que el fin de su metraje no es sino el inicio de otras historias, las que el mismo espectador puede ir generando a partir de sus interpretaciones y debates.

Es un enigma y a la vez un ejercicio de amor por el cine y por el mundo de la interpretación ya desde su mismo inicio, con las primitivas imágenes en blanco y negro de un actor desnudo con las que se abre la película, para seguidamente ofrecernos los primeros planos del público que asiste a una proyección de cine. 

El responsable de todo esto es el francés Leos Carax ('Les amants du Pont Neuf'), en su regreso al largometraje 11 años después de dirigir ‘Pola X’, y poniendo nuevamente sobre la palestra la idoneidad o no de aplicar el demasiado recurrente adjetivo de Obra Maestra. En su periplo lleno de sensaciones, Carax nos habla de la naturaleza humana, también del arte y de la vida misma, y lo hace de una manera innovadora, nunca vista antes. Por supuesto, tampoco será del agrado de todo su público ni de los cinéfilos. En el pasado Festival de Cannes era una de las grandes favoritas, junto a la vencedora, ‘Amour’ de Michael Haneke’, y sin embargo se fue con las manos vacías. En cambio, en Sitges se le hizo justicia, y de los 4 premios que logró, los más significativos: el de mejor película, director, el de la crítica y mejor producción europea proyectada en el certamen.


El principal aliado de Leos carax es el actor y transformista francés Denis Lavant, no por casualidad es también uno de sus actores fetiche. Lavant encarna a un misterioso personaje conocido como Sr. Oscar que viaja a bordo de una lujosa limusina blanca por todo París. Su trabajo consiste en ir parando en distintos puntos en los que, convenientemente caracterizado, bajará para interpretar a personajes de lo más distinto (y donde Carax y Lavant recuperan en uno de los segmentos al excéntrico personaje de Sr. Mierda que el actor realizaba en uno de los cortos que componían ‘Tokio!’).


Más allá de máscaras, maquillajes y ropajes, realidad y fantasía se confunden en este oficio, en el de actor, y en su mundo, sea el cine o el gran escenario teatral de la vida misma. En su trayecto, 'Holy Motors' incluye episodios que van desde lo cómico a lo grotesco, pasando por lo melodramático, el musical, lo cotidiano, la ciencia-ficción o incluso escarceos con el cine de gangsters y definitivamente lo fantástico. Un homenaje a los actores, pero no a las grandes estrellas, sino al anónimo, alejado de los focos mediáticos y del fervor del público, pero capaz de transformarse y dejarse la piel y el alma en cada nueva representación en obras a las que ni siquiera sabemos a qué tipo de público va dirigido ni quién, o quiénes, han sido los que le han contratado.

En sus homenajes y guiños cinéfilos está la veterana actriz Edith Scob, la que fue una de las actrices predilectas del gran George Franju, como la no menos misteriosa y eficiente conductora de la limusina que transporta al Sr. Oscar. El mismo Leos Carax aparece en las primeras escenas del film, también presta su voz a otro de los protagonistas: ¡la limusina blanca!. E inolvidable son muchos de sus momentos y secuencias. La cantante Kilye Minogue interpretando a un antiguo amor del pasado del Sr. Oscar; Eva Mendes como una top model reviviendo de manera igualmente desconcertante el mito de la bella y la bestia en las cloacas de París, o todo el extraordinario segmento dedicado a la participación del Sr. Oscar en una obra de animación realizada mediante la captura del movimiento de sus actores, y que dará lugar junto con la contorsionista apodada Zlata (otro de los grandes hallazgos del film), a una de las escenas de sexo más extrañas y fascinantes vistas jamás.

Pero hay más, mucho más. Y ‘Holy Motors’, que no duden generará amores y odios, se muestra tan accesible cuando se conocen sus cartas como inescrutable por su poder de sugerencia.














Comentarios

  1. Impresionable puntuación Carles!! Estoy deseando verla... no sé qué carajo me voy a encontrar pero le tengo unas ganas flipantes. Espero no ir con prejuicios, sino con la mente abierta (muy abierta por todo lo que he leído y oído)...

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  2. Con la mente abierta y, la verdad, cuanto menos sepas mucho, mucho mejor. A ver que te parece, Jon. ¿Serás un entusiasta... o un detractor de la película?

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  3. Holy Motors es la representación del amor hacia el cine. Un salto ha diferentes géneros y el actor como un ser mágico que logra interpretar diferentes personajes.

    Personal y transgresora. Yo la aplaudo.
    Saludos!

    http://elojodebaltasar.blogspot.com/

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  4. ¡Soy un entusiasta de la película! Al menos de momento... me gustaría volver a verla y ver qué pasa. ¿Tendré las mismas sensaciones? Imposible con una película así. Salí del cine estupefacto, como imagino todo el mundo.

    Una gran experiencia, un cine diferente, una tocadura de pelotas importante, una gozada, algo totalmente inexplicable y además, como bien habeis comentado: todo un homenaje al actor.

    Todo eso y más, mucho más, es "Holy motors". Boquiabierto hállome. Sí, estoy deseando volver a verla.

    PD: No conocía lo comentado sobre "Tokyo!" ya que no la tengo vista. Y tampoco lo de Edith Scob, aunque ahora comprendo porqué una de las dedicatorias del film por parte de Leos Carax va para Georges Franju... (la máscara verde... ¡por dios, qué intrigante! me encanta)

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  5. Jon, creo que 'Holy Motors' es de esas películas que se pueden ver más de una vez, y en cada ocasión encontrar algo nuevo, y nuevas interpretaciones y sentidos. Por cierto, genial también ese "intermedio musical con acordeones" ¿No?

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  6. Ohhh lo de los acordeones fue la leche!! Ahí fue donde se me abrieron los ojos como platos y donde me dije que definitivamente estaba viendo algo fuera de lo normal (no es que tuviera muchas dudas, pero ahí lo confirmé totalmente).

    Y Dennis Lavant no sé para los demás, pero para mí ha sido todo un gran descubrimiento. ¡Qué tío!

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